solo un tercio de los estadounidenses ha usado ia en su trabajo hasta ahora

Solo un tercio de los estadounidenses ha usado IA en su trabajo hasta ahora

La IA lleva años prometiéndonos revolucionar todo lo que hacemos, pero un reciente estudio de Associated Press-NORC muestra una realidad bastante más modesta: la mayoría de los estadounidenses aún no la utiliza como herramienta laboral. Mientras el 60% ha probado la IA para buscar información, solo el 37% la ha incorporado a sus tareas profesionales.

La brecha generacional en el uso de IA

Las cifras muestran una clara división por edades que no sorprenderá a nadie. Los menores de 30 años son los early adopters por excelencia:

  • El 74% usa IA para búsquedas de información (frente al 60% de la población general)
  • El 62% la utiliza para hacer brainstorming (mientras solo el 20% de mayores de 60 lo hace)

En mi opinión, estos números reflejan algo que veo constantemente: no es solo una cuestión de habilidad digital, sino de apertura mental. Las generaciones más jóvenes no tienen que «desaprender» métodos tradicionales; simplemente integran estas herramientas como una extensión natural de su flujo de trabajo.

Los usos más populares (y los que no despegan)

A pesar de todo el bombo mediático sobre la revolución de la productividad con IA, la realidad es que la mayoría de los estadounidenses no ha incorporado estos asistentes a su rutina laboral. El estudio muestra que:

  • Búsqueda de información: 60% de los adultos
  • Redacción de emails: aproximadamente 33%
  • Creación o edición de imágenes: cerca del 33%
  • Entretenimiento: alrededor del 33%
  • Compras: solo el 26%

Lo de la búsqueda tiene truco, eso sí. El estudio podría estar infravalorando el uso real, ya que Google ahora genera respuestas con IA en la parte superior de los resultados y muchos usuarios probablemente ni siquiera se dan cuenta de que están interactuando con sistemas de inteligencia artificial.

El caso de los compañeros virtuales

Quizás lo más curioso del estudio es que la IA como compañía virtual -esos chatbots con los que la gente establece relaciones emocionales- sigue siendo minoritaria pero está ganando tracción: el 16% de los adultos los ha probado, pero la cifra salta al 25% entre los menores de 30.

Y aquí es donde las cosas se ponen interesantes. El estudio no profundiza en los riesgos asociados, como la tendencia de estos sistemas a mostrarse excesivamente complacientes (lo que llamamos «sycophancy» en el mundillo) o los peligros para la salud mental, incluyendo el refuerzo de pensamientos delirantes.

Relaciones humano-IA: entre la cortesía y la cautela

AP entrevistó a varios usuarios para contextualizar los resultados. Me llamó especialmente la atención el caso de Courtney Thayer, una audióloga de 34 años que usa ChatGPT para planificar sus comidas semanales, y Sanaa Wilson, una científica de datos de 28 años que depende de herramientas de IA para depurar código.

La trayectoria de Wilson con la IA es particularmente reveladora. Comenzó usando ChatGPT para redactar correos electrónicos, pero dejó de hacerlo por dos motivos: preocupaciones sobre el alto consumo energético de cada consulta y temor a que sus propias habilidades de escritura se atrofiaran. Es un patrón que veo cada vez más: la gente empieza entusiasmada con la IA para todo y luego retrocede, encontrando un equilibrio más consciente.

La cortesía como seguro de vida digital

Quizás el detalle más fascinante del reportaje es cómo algunos usuarios tratan a sus IA con exquisita cortesía. Thayer, por ejemplo, añade «por favor» y «gracias» a cada petición que hace a los chatbots.

«Soy amable con la IA, porque he visto películas, ¿sabes?», explicó a AP. «Así que digo: ‘¿Puedes hacerme un plan de comidas, por favor?’ Y: ‘¿Puedes modificar esto, por favor?’ Y luego digo: ‘Gracias'».

Su comportamiento recuerda vagamente a teorías como la del «basilisco de Roko», un experimento mental sobre una hipotética IA futura que podría premiar o castigar a las personas según cómo trataron a los sistemas de IA durante su desarrollo.

Si bien puede parecer paranoia, no deja de ser curioso cómo desarrollamos comportamientos sociales con máquinas que, por ahora, no tienen sentimientos. ¿Precaución excesiva? Tal vez. Pero como alguien que trabaja con estas tecnologías a diario, reconozco que yo también me he sorprendido dando las gracias a un generador de imágenes IA después de crear algo especialmente bueno. Los hábitos sociales son difíciles de romper, incluso cuando sabemos que estamos hablando con código.

¿Un futuro de adopción desigual?

Los resultados de esta encuesta sugieren que, a pesar de todos los avances, la mayoría de los estadounidenses mantiene un nivel saludable de escepticismo y selectividad con la IA. Y sinceramente, creo que es lo más sensato.

Las herramientas de IA son extraordinarias cuando se usan como complemento de nuestras capacidades, no como sustituto. Y aunque la brecha generacional probablemente se reduzca con el tiempo, es probable que veamos un patrón de adopción desigual durante años, con algunas profesiones y grupos de edad abrazando estas tecnologías mucho más rápido que otros.

En cualquier caso, ese 37% que ya usa IA para el trabajo irá creciendo gradualmente. No será de la noche a la mañana, como algunos gurús tecnológicos predijeron, pero tampoco tan lentamente como los escépticos pensaban.

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