la gran contradiccion de trump impulsar la ia mientras sus propios aranceles hunden los centros de datos

La gran contradicción de Trump: impulsar la IA mientras sus propios aranceles hunden los centros de datos

Hay algo casi irónico en la situación en la que se encuentra Donald Trump ahora mismo, aunque quizás «irónico» sea quedarse corto. El presidente de Estados Unidos lleva meses declarando a los cuatro vientos que construir infraestructura de IA a gran escala es una prioridad nacional, una cuestión de seguridad, la clave para ganar la carrera tecnológica contra China. Y al mismo tiempo, sus propios aranceles sobre importaciones chinas están frenando en seco exactamente eso: la construcción de los centros de datos que necesita para que ese plan tenga sentido.

No es un problema menor. Según Bloomberg, casi la mitad de los centros de datos planificados para este año en EE. UU. se espera que se retrasen o directamente se cancelen. No por falta de inversión ni de voluntad política, sino porque no hay transformadores, equipos de conmutación ni baterías suficientes para levantar la infraestructura eléctrica que cada instalación necesita.

El problema de los aranceles que nadie quería ver venir

Durante décadas, China ha sido el proveedor casi exclusivo de estos componentes para los fabricantes estadounidenses. Antes de 2020, los plazos de entrega estaban entre 24 y 30 meses, que ya de por sí no es poca cosa. Ahora, con los aranceles en vigor, esos tiempos de espera pueden llegar a los 5 años. Cinco años para recibir un transformador.

El problema tiene una dimensión estratégica enorme: se estima que China lleva unos 5 años de retraso respecto a EE. UU. en la carrera de la inteligencia artificial. Si los proyectos de infraestructura en territorio estadounidense se retrasan ese mismo tiempo, esa ventaja empieza a erosionarse sola, sin que China tenga que hacer nada en especial.

La respuesta oficial de la administración Trump es que EE. UU. debería fabricar sus propios componentes. En teoría, suena bien. En la práctica, la capacidad manufacturera estadounidense para estos dispositivos no puede satisfacer la demanda actual ni de lejos. No es algo que se construya en meses. Son cadenas de producción, materiales, mano de obra especializada y tiempo. Mucho tiempo.

Mientras tanto, algunos desarrolladores ya están dispuestos a pagar los aranceles y asumir los supuestos riesgos de seguridad nacional que implica seguir comprando a China, simplemente porque no tienen otra salida viable si quieren cumplir con sus calendarios.

Centros de datos que nadie quiere en su vecindario

Si los problemas de suministro ya eran suficiente dolor de cabeza, la administración tiene otro frente abierto que quizás le va a costar más caro políticamente: el rechazo ciudadano.

Analistas de Sightline Climate confirman que solo un tercio de los grandes centros de datos de IA que deberían estar operativos en 2026 están actualmente en construcción. Y parte de esa lentitud no tiene que ver solo con los componentes, sino con comunidades que, sencillamente, no quieren estas instalaciones en su territorio.

Las moratorias ganan terreno

El senador Bernie Sanders y la representante Alexandria Ocasio-Cortez presentaron hace unas semanas la llamada Ley de Moratoria sobre Centros de Datos de IA, que propone una pausa en el desarrollo de este tipo de infraestructura hasta que se garantice que no disparará las facturas de electricidad, no dañará a las comunidades ni tendrá impacto ambiental grave.

Puede que suene a política de oposición, pero el movimiento está calando. Maine está a punto de convertirse en el primer estado en pausar toda la nueva construcción de centros de datos de IA, con una prohibición que podría extenderse hasta 2027. El proyecto de ley es bipartidista, avanza hacia un Senado de mayoría demócrata y el gobernador ha señalado que tiene intención de firmarlo. Los residentes de Maine ya soportan algunos de los precios de electricidad residencial más altos del país, lo que explica bastante bien por qué la presión popular ha sido tan intensa.

Al menos 10 estados más están observando de cerca cómo evoluciona la situación en Maine. Denver y Dallas están evaluando prohibiciones similares. Y en Indiana y Michigan, varios municipios más pequeños ya han impuesto pausas temporales. No es un fenómeno aislado: es una tendencia que se está extendiendo.

El problema que va más allá de la factura de la luz

Lo más llamativo de una encuesta reciente de Harvard/MIT es que el rechazo ciudadano no se explica principalmente por el coste de la electricidad. Lo que más preocupa a la gente es cómo estos proyectos van a transformar sus comunidades y su calidad de vida. Y eso es mucho más difícil de atajar con medidas económicas.

Una investigación reciente analizó las temperaturas superficiales en los alrededores de centros de datos de IA ya operativos y encontró algo preocupante: estas instalaciones pueden crear lo que se conoce como «islas de calor», elevando drásticamente la temperatura en las zonas colindantes. Las consecuencias van desde la alteración de los patrones de lluvia hasta el empeoramiento de la contaminación, pasando por un vínculo directo con el aumento de muertes relacionadas con el calor en esas áreas.

No es una alarma abstracta. Es física básica: mucha energía consumida en un espacio concentrado genera mucho calor, y ese calor tiene que ir a algún sitio.

Un plan que choca con su propia lógica

La situación en la que se encuentra Trump es, cuando menos, complicada. Ha prometido ganar la carrera de la IA. Ha declarado que construir infraestructura a escala industrial es una prioridad de seguridad nacional. Pero sus propias políticas arancelarias están bloqueando los suministros que esa infraestructura necesita. Y la respuesta social que están generando esos centros de datos está creando un problema político de primera magnitud de cara a las elecciones de mitad de mandato.

El abogado climático Tony Buxton lo resumió con bastante claridad al hablar con el WSJ sobre la situación en Maine: «Hay un fuerte temor de los votantes hacia los centros de datos y la IA». Y eso no es algo que se desactive fácilmente con un decreto ejecutivo.

Lo interesante, y también lo preocupante si uno piensa en el largo plazo, es que la infraestructura de IA no es un lujo tecnológico: es la base sobre la que se construyen desde los modelos de lenguaje hasta los sistemas de un generador de imágenes IA o cualquier aplicación de inteligencia artificial a escala. Sin esa base, todo lo demás, los grandes anuncios, las inversiones millonarias, las promesas de liderazgo global, se queda en papel mojado.

El problema real no es si EE. UU. quiere liderar en IA. Es que querer no es suficiente cuando los componentes tienen 5 años de espera, los estados empiezan a poner freno por ley y la ciudadanía no quiere un centro de datos calentando su barrio.

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