OpenAI compra TBPN: ¿una «side quest» o una apuesta estratégica por el relato de la IA?
Hace unas semanas, OpenAI mandaba un memo interno muy claro: nada de distracciones, nada de proyectos secundarios, foco total en ChatGPT y en las herramientas de código para empresas. Y ahora la misma empresa anuncia que ha comprado un talk show de tecnología por «bajas centenas de millones de dólares». Así, sin despeinarse.
La contradicción es evidente. Y lo más curioso es que ni siquiera intentan disimularla demasiado.
OpenAI adquiere TBPN: ¿qué es exactamente lo que ha comprado?
TBPN, cuyas siglas responden a Technology Business Programming Network, no es un medio de comunicación convencional. Lanzado en octubre de 2024, es un talk show diario enfocado en tecnología y startups que se ha ganado una audiencia fiel y muy específica: fundadores, inversores y perfiles del ecosistema tecnológico de Silicon Valley. Esa audiencia no es masiva, pero es muy cualificada. Sus 70.000 espectadores por episodio no compiten con los grandes medios generalistas, pero en el mundo donde se toman decisiones sobre el futuro de la IA, esa cifra vale mucho más de lo que parece.
Sus presentadores, Jordi Hays y John Coogan, se definen a sí mismos como «technology brothers» y han conseguido algo que pocos medios logran: que figuras como Mark Zuckerberg o el propio Sam Altman se sienten a hablar con ellos. No es un podcast de nicho cualquiera. Es un espacio donde se está forjando, en buena medida, la narrativa pública sobre la inteligencia artificial y los que la construyen.
Antes del acuerdo, TBPN estaba en camino de generar unos 30 millones de dólares en ingresos anuales, principalmente por publicidad. Lo que llama la atención es que parte de esos anunciantes son competidores directos de OpenAI. Un detalle que, veremos, puede volverse incómodo con el tiempo.
El memo que prometía no hacer «side quests» y la compra que parece justo eso
Aquí está el elefante en la habitación. Fidji Simo, responsable del negocio de producto en OpenAI, envió un mensaje interno el mes pasado dejando muy claro que la empresa no podía permitirse distracciones. Literalmente escribió: «No podemos perder este momento porque estamos distraídos con misiones secundarias».
Y días después, esa misma Simo es quien anuncia a los empleados la adquisición de TBPN, describiéndola como «uno de los lugares donde la conversación sobre IA y los que la construyen está ocurriendo día a día».
¿Es una contradicción? Sí. ¿Es una hipocresía? No necesariamente, aunque entiendo que cuesta verlo de otra forma a primera vista.
Desde OpenAI argumentan que esta compra no es una distracción porque los ingenieros y los investigadores no van a dedicar tiempo a ella, y porque no es un nuevo producto que haya que desarrollar desde cero. Es, dicen, más parecido a una herramienta de comunicación y posicionamiento que a una aventura empresarial nueva. Spoiler: eso puede ser exactamente lo que necesitan ahora mismo.
Por qué tiene sentido estratégico, aunque incomode
Si lo piensas un momento, la batalla de la IA no se libra solo en los laboratorios. Se libra también en la percepción pública, en quién consigue instalar el relato dominante sobre qué es la inteligencia artificial, cómo funciona y quiénes son los buenos de la película.
Google, Anthropic, Meta y decenas de empresas más están compitiendo exactamente en ese mismo terreno narrativo. Y OpenAI, con ChatGPT como producto más reconocible del sector, sabe mejor que nadie que el debate sobre la IA genera tanta desconfianza como entusiasmo. Tener un medio que habla directamente con los builders, los inversores y los early adopters no es un capricho: es ocupar un espacio de influencia muy concreto.
Ahora bien, hay una pregunta que no tiene respuesta fácil: ¿puede un talk show mantener su credibilidad cuando su propietario es uno de los actores más relevantes —y más debatidos— del sector que cubre?
La independencia editorial: la gran prueba
OpenAI ha dicho que TBPN seguirá operando desde Los Ángeles y que mantendrá su independencia editorial. Hays y Coogan reportarán al jefe de asuntos globales de OpenAI, Chris Lehane, y apoyarán en comunicación y marketing, pero con autonomía para sus contenidos. Al menos sobre el papel.
El propio Sam Altman ha sido bastante directo al respecto. En X escribió que no esperaba que TBPN fuera más suave con ellos, y que seguramente él mismo les daría material con alguna «decisión estúpida ocasional». Hay que reconocerle el humor, aunque tampoco sería la primera vez que una empresa compra un medio prometiendo independencia y luego, poco a poco, esa independencia se va diluyendo.
Lo que está claro es que Hays y Coogan han pasado, en sus propias palabras, «del comentario al impacto real en cómo esta tecnología se distribuye y se entiende globalmente». Y eso es un salto enorme. No es solo trabajar con OpenAI: es convertirte, quieras o no, en parte de su historia.
Qué implica esto para el ecosistema de medios tecnológicos
Esta adquisición abre un debate más amplio que va más allá de OpenAI y TBPN. Estamos viendo cómo las grandes empresas tecnológicas, especialmente las del mundo de la IA, están empezando a entender que necesitan controlar —o al menos influir— en los espacios donde se habla de ellas.
No es algo nuevo. Meta tiene sus propios canales, Google lleva años financiando iniciativas periodísticas con distintos grados de éxito e independencia, y Apple cuida su narrativa con una precisión casi quirúrgica. Pero en el mundo de la IA, donde el debate público sobre regulación, riesgos y ética está en un punto muy sensible, el control del relato tiene un peso especial.
Que una empresa como OpenAI —que desarrolla sistemas de generación de imágenes con IA, modelos de lenguaje y herramientas que afectan a millones de personas— decida invertir en el espacio donde se habla de todo eso, no es inocente. Puede ser legítimo, puede ser inteligente, pero no es neutro.
Y mientras tanto, nosotros, los que usamos estas herramientas a diario —desde un simple detector de IA hasta un generador de imágenes IA para proyectos creativos—, seguimos siendo los destinatarios finales de ese relato. Conviene no perderlo de vista.


