El «modo incógnito» de Perplexity es una farsa: una demanda acusa al buscador de IA de compartir tus chats con Google y Meta
Cuando alguien activa el «modo incógnito» de cualquier herramienta digital, lo mínimo que espera es que sus conversaciones no acaben en los servidores de Meta o Google. Pues bien, según una demanda colectiva presentada en febrero de 2026, eso es exactamente lo que ha estado ocurriendo con Perplexity, uno de los buscadores de IA más populares del momento.
La demanda, interpuesta por un usuario anónimo identificado como «John Doe», acusa directamente a Perplexity, Google y Meta de recopilar y compartir transcripciones completas de conversaciones de usuarios sin su conocimiento ni consentimiento. Y lo que resulta especialmente llamativo es que el problema no se limita a los usuarios gratuitos: incluso quienes pagaban por el servicio y habían activado el modo incógnito vieron sus conversaciones compartidas.
Lo que dice la demanda: rastreadores disfrazados de búsqueda
El núcleo de la acusación es técnicamente bastante concreto. Usando herramientas de desarrollo web estándar, los investigadores que apoyan la demanda detectaron que Perplexity utiliza rastreadores de anuncios de Google y Meta integrados en su plataforma. Estos rastreadores, que la queja compara con «tecnología de escucha telefónica basada en navegador», estarían capturando y enviando hacia esas compañías datos de las sesiones de chat.
¿Qué datos exactamente? Según la demanda:
- Las solicitudes iniciales de cada usuario, siempre, sin excepción.
- Cualquier pregunta de seguimiento generada por el motor sobre la que el usuario haga clic.
- En el caso de usuarios no suscritos, además, una URL que permitiría acceder a la conversación completa desde terceros como Meta o Google.
- Información de identificación personal (PII), incluyendo direcciones de correo electrónico de usuarios registrados.
Y aquí viene lo más grave: todo esto ocurría incluso cuando el usuario había activado el modo incógnito de Perplexity, supuestamente diseñado para proteger su privacidad. La demanda es bastante directa al respecto: ese modo «no hace absolutamente nada para proteger a los usuarios».
El modo incógnito que no era incógnito
Llamar a algo «modo incógnito» cuando en realidad sigue compartiendo datos con 2 de las mayores máquinas de publicidad del mundo es, como mínimo, un problema de etiquetado. La demanda lo llama directamente un «engaño», y es difícil rebatirlo con lo que se expone en la queja.
Lo que hace especialmente sensible este asunto es el tipo de información que los usuarios comparten en un buscador de IA. No estamos hablando solo de consultas inocuas sobre recetas de cocina. Perplexity se posiciona como una herramienta para investigar temas complejos, lo que significa que sus usuarios le preguntan cosas sobre su salud, sus finanzas, sus relaciones, sus negocios. Información que, en manos de plataformas publicitarias, tiene un valor enorme y un potencial de uso muy cuestionable.
Tres años de conversaciones en el centro del caso
La demanda colectiva cubre un periodo amplio: desde el 7 de diciembre de 2022 hasta el 4 de febrero de 2026, lo que representa más de 3 años de uso de la plataforma. Eso implica potencialmente millones de registros de chat de usuarios de todo el país, con una subclase específica para usuarios de California que tienen protecciones adicionales bajo la legislación estatal.
Es relevante señalar que la clase propuesta no incluye a suscriptores de los planes «Perplexity Pro» ni «Perplexity Max», no porque estén exentos del problema, sino porque el demandante nunca usó esos niveles de servicio y no puede representar legalmente sus intereses. Eso no significa que esos usuarios estén a salvo, sino simplemente que quedan fuera del alcance formal de esta demanda.
En cuanto a las consecuencias económicas, los daños estatutarios potenciales podrían superar los 5.000 dólares por violación, y con millones de registros involucrados, las cifras totales serían astronómicas. La demanda también solicita multas punitivas y restitución por enriquecimiento injusto, argumentando que las 3 compañías habrían utilizado esa información para mejorar sus propios productos, su marketing y su publicidad dirigida.
Un precedente que va más allá de Perplexity
Este caso no surge en el vacío. Como señala la propia demanda, los registros de conversaciones de ChatGPT ya habían sido compartidos previamente con medios de comunicación en el contexto de una litigación por derechos de autor, y se habían filtrado en búsquedas y herramientas de análisis de Google. La privacidad de los chats con herramientas de IA es un problema sistémico que la industria lleva tiempo ignorando cómodamente.
La diferencia aquí es que Perplexity no solo habría dejado escapar datos por un descuido técnico, sino que presuntamente habría integrado de forma deliberada rastreadores de terceros en su plataforma sin informar a los usuarios.
La política de privacidad que nadie puede encontrar
Además de las acusaciones sobre el comportamiento técnico de la plataforma, la demanda señala un detalle que dice mucho sobre la cultura de transparencia de Perplexity: la página de inicio del buscador no tiene ningún enlace a su política de privacidad. Ninguno.
Para comparar: Google tiene el enlace en el pie de página de su buscador. Bing lo incluye en un menú accesible. En Perplexity, según la queja, un usuario tendría que usar un motor de búsqueda para encontrar la política de privacidad del propio motor de búsqueda. Si eso no es irónico, no sé qué lo es.
Y cuando uno logra encontrarla, el contenido no aclara demasiado. En la sección dedicada al seguimiento, Perplexity no menciona rastreadores específicos de Google ni Meta. En cambio, advierte que no respeta las señales de «Do Not Track» y que intentar bloquear rastreadores podría afectar al funcionamiento del servicio. Vamos, que si quieres privacidad, el problema eres tú.
Políticas de uso como coartada
La demanda también apunta a Google y Meta por su parte en todo esto. Ambas compañías tienen políticas que supuestamente prohíben que sus rastreadores recopilen información confidencial o sensible a través de terceros. La queja argumenta que esas políticas no se aplican realmente y existen principalmente para ofrecer «deniabilidad plausible»: poder decir que las normas estaban ahí, aunque nadie las hiciera cumplir.
Es una acusación seria, porque implica que el problema no es solo técnico ni de descuido, sino de un ecosistema en el que todos los actores saben lo que ocurre y nadie tiene incentivo real para frenarlo.
¿Qué deberías hacer si usas Perplexity?
Con independencia de cómo acabe la demanda —y los procesos judiciales de esta naturaleza en Estados Unidos suelen ser largos y tortuosos—, hay algo que cualquier usuario de herramientas de IA debería tener presente: lo que escribes en un chat de IA no es, por defecto, privado. Nunca lo ha sido del todo, pero casos como este recuerdan hasta qué punto esa falta de privacidad puede estar estructurada de forma activa.
Algunas consideraciones prácticas:
- No compartas en chats de IA información que no compartirías en una conversación pública: datos de salud, datos financieros, identificaciones personales.
- El modo incógnito de cualquier herramienta no equivale a anonimato real ni a que tus datos no viajen a ningún servidor externo.
- Revisa las políticas de privacidad de las herramientas que usas, aunque estén escondidas. Si una plataforma no te facilita ese acceso, ya es una señal de algo.
Lo que está en juego aquí no es solo la reputación de Perplexity. Es la pregunta de fondo sobre qué ocurre realmente con los datos que compartimos con las nuevas herramientas de IA, y si el sector puede seguir funcionando bajo un modelo en el que la privacidad se promete en el marketing y se ignora en la arquitectura técnica.


